Cinco aldeas en el sur de Perú quedaron entre escombros tras los deslaves provocados por las constantes lluvias del domingo y lunes, que arrastraron lodo, agua y rocas y que arrasaron con precarias instalaciones y viviendas en una zona dedicada a la extracción informal de oro.

Los vecinos del municipio Mariano Nicolás Valcárcel, asentados en las faldas de una zona de extracción minera, buscaban el martes sus enseres enterrados en el lodo, mientras que otros con zapatos llenos de barro y rostros de desesperación llegaban desde pueblos remotos para pedir ayuda.

Uno de ellos era Mauro Noa, dirigente de la aldea Posco Miski, quien solicitaba auxilio y comida para asistir a más de mil vecinos atrapados desde el domingo en la ladera de una montaña. No pueden cruzar porque se ha formado un inmenso cuerpo de barro y piedras en forma de río que rodea el cerro. “Tienen hambre y sed, nadie se acuerda de ellos”, dijo a The Associated Press.

Noa indicó que en 18 años jamás vio un alud como el que cayó el domingo en Posco Miski. Añadió que han confeccionado una lista de 14 vecinos de Posco Miski cuyo paradero es desconocido. “La gente reaccionó en desorden, los vecinos que no pudieron salir de sus casas fueron llevados por la ola de barro”, dijo Noa. “Los niños han quedado traumados, con la lluvia y el alud”, añadió.

La policía envío a 15 rescatistas que tenían previsto llegar a Secocha avanzada la tarde debido a que la carretera está bloqueada por el lodo, dijo el agente Giancarlo Vizcarra.

El agente indicó que luego de llegar a Secocha cargando camillas y cuerdas intentarán subir hasta las aldeas más remotas para buscar cuerpos bajo el lodo y para eso trasladaban dos perros especializados que trabajan en terremotos buscando personas entre los escombros.

Un funcionario local de Protección Civil informó la víspera que al menos 36 personas habían fallecido, sin embargo, un fiscal dijo el martes a The Associated Press que sólo tenían la confirmación de 12 muertos y tres desaparecidos. El gobierno federal no ha dado ninguna nueva cifra, aunque la presidenta recorría la zona para ver el desastre y recibir los últimos reportes.

El alud que cayó el domingo desde las montañas más altas se llevó por delante viviendas y todo lo que encontraba a su paso. Los habitantes solo podían gritar y lamentarse mientras veían deslizarse con fuerza el denso torrente de agua marrón y barro.

“Estamos aislados”, dijo por teléfono el martes a The Associated Press Arturo Muñoz, quien vive en las alturas del pueblo La Eugenia, donde el domingo se inició el alud. Los pueblos mineros afectados están en el municipio Mariano Nicolás Valcárcel, en la provincia de Camaná, región Arequipa.

Las tareas de rescate no pudieron aún desplegarse el martes por la dificultad de acceder con la maquinaria pertinente a la zona, según explicó la jefa local de Defensa Civil.

La calle principal de otro de los asentamientos, Secocha, estaba aún cubierta el martes de una masa fangosa que había penetrado por puertas y ventanas. En esa vía, llamada Los Angeles, algunos limpiaban las cocinas, refrigeradores y televisores que hasta el fin de semana funcionaban sin problemas en restaurantes, hoteles, tiendas de ropa o de alimentos.

El fiscal a cargo del suceso, Luis Supo, rectificó la cifra de muertos que se había difundido el lunes, cuando se hablaba de 36 cadáveres recuperados en la aldea remota Posco Miski. El recuento lo dio a conocer Wilson Gutiérrez, funcionario de Defensa Civil de la municipalidad Mariano Nicolás Valcárcel, ante la radio local RPP.

Sin embargo, el fiscal Supo aseguró que hasta el martes solo habían recibido 12 cadáveres rescatados de los aludes y que otras tres personas estaban desaparecidas.

Defensa Civil indicó además el lunes que los aludes afectaron a puentes, bocatomas, canales de riego, carreteras y viviendas y alrededor de 630 casas quedaron inservibles. El impacto de los deslaves en las cinco aldeas afectadas se debió a que se trata de una zona descendente de unos 48 kilómetros en la que se han instalado mineros desde hace dos décadas para extraer oro de socavones.

Las lluvias constantes son frecuentes en febrero en Perú, una época en que las precipitaciones provocan aludes que afectan a viviendas, pero también a la infraestructura pública, incluyendo puentes y vías.

 

 

 

 

Fuente: LA Times

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