Funcionarios armados de la justicia y las agencias indígenas y ambientales de Brasil iniciaron la expulsión de miles de mineros ilegales de oro del territorio yanomami, acusándolos de llevar contaminación, hambre y enfermedades a uno de los grupos más aislados del mundo.

Gente implicada en el dragado ilegal en busca de oro huyó del territorio a pie. La operación podría tomar varios meses, ya que se cree que hay unas 20.000 personas dedicadas a esta actividad, que suele usar mercurio tóxico para separar el oro.

La agencia ambientalista Ibama, con apoyo de la Fundación Nacional de Pueblos Indígenas y la Fuerza Pública de Seguridad Nacional, halló un helicóptero, un avión, una excavadora, así como viviendas y hangares precarios, y destruyó todo, También se apoderó de dos armas de fuego y 5.000 litros de combustible. Descubrió un helicóptero oculto en el bosque y lo incendió.

Ibama instaló un retén cerca de una aldea yanomami sobre el río Uraricoera para cortar la cadena de suministros de los mineros. Los agentes incautaron botes de 12 metros de largo cargados con una tonelada de alimentos, congeladoras, generadores y antenas de internet. Los agentes aprovecharán esas provisiones y no permitirán que botes con combustible y equipos pasen el retén.

La gran cantidad de provisiones que van río arriba serían un indicio de que algunos mineros desdeñan la promesa del presidente Luiz Inácio Lula da Silva de expulsarlos luego de años de en que su predecesor, Jair Bolsonaro, trató de legalizar esa actividad.

Pero otros mineros intuyeron que sería mejor regresar a la ciudad. El martes, la Associated Press visitó un campamento minero a orillas del Uraricoera, accesible solamente por un camino de tierra que se tardó tres horas en recorrer en auto. Decenas de mineros arribaron a lo largo del día, algunos después de atravesar el bosque a pie durante días.

Uno de ellos, João Batista Costa, dijo a la prensa que los yanomami están muriendo de hambre y que las provisiones enviadas de emergencia ha sido insuficientes.

Los mineros, que llegan del estado de Maranhao y otras regiones pobres del nordeste brasileño, generalmente cruzan el bosque calzando chancletas de caucho y cargando mochilas con alimentos y efectos personales. Duermen en hamacas en campamentos improvisados.

El gobierno federal ha declarado una emergencia de salud pública para los yanomami, que padecen desnutrición, paludismo y otras enfermedades como consecuencia de la minería ilegal.

Según un informe publicado el martes por el Ministerio de Salud, los mineros han invadido cuatro clínicas en territorio yanomami y las han inutilizado. En la ciudad de Boa Vista, donde se ha instalado un centro médico temporario para indígenas hambrientos y enfermos, hay 700 yanomamis, tres veces más de lo que puede recibir el lugar.

Unos 30.000 yanomami viven en el territorio indígena más grande de Brasil, que cubre una zona aproximadamente del tamaño de Portugal y abarca partes de los estados de Roraima y Amazonas en el noroeste de la Amazonia brasileña.

 

 

 

 

 

 

Fuente: Unión Tribune

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