La nueva carrera espacial vuelve a rugir con los motores del Starship de Elon Musk y la Larga Marcha china. No solo entre las compañías privadas, sino también entre los países cada vez más enfrentados aquí en la Tierra: Rusia y China acaban de anunciar su plan para establecer su base permanente en la Luna para la década del 2030, con hitos que comenzarán desde ya mismo.

 

La estación se llama International Lunar Research Station (ILRS). Las agencias espaciales de los dos países —Roscosmos y CNSA— la presentaron en la conferencia Global Space Exploration, celebrada el pasado miércoles en San Petersburgo, Rusia. Según sus promotores, será internacional porque estará abierta a otros países, aunque no aclaran qué países serán. Ni si Estados Unidos o la Unión Europea están invitados a participar.

El vídeo de presentación es bastante pedestre, pero explica bien los hitos que esperan lograr en los próximos años es el típico tono utilitario chino-ruso. Además, tomando como referencia las actividades y el incremento de la inversión china en la carrera espacial, es para tomarlo muy en serio.

Objetivo 2036

El plan para la construcción de esta base lunar ocurrirá en tres fases.

 

La primera fase será la recogida de datos para la planificación de la base, con misiones no tripuladas que recogerán datos topográficos desde la órbita lunar seguidas de aterrizajes de diversas sondas: las chinas Chang’e 4, 6 y 7 y las rusas Luna 25, 26 y 27.

 

Estas misiones —y otras de posibles socios internacionales— servirán para elegir dónde construirán la base, algo que no está claro todavía. Mientras que la NASA y la ESA están pensando en el Polo Sur para tener acceso a agua helada, China y Rusia parecen tener en mente el cráter Amundsen en el Polo Sur, pero también las planicies de Marius Hills y Aristarchus, en el hemisferio norte, más cerca del ecuador lunar.

Las misiones de la primera fase, según los socios de la ILRS, comenzarán el año que viene y se prolongarán hasta 2025.

 

La segunda fase será la construcción de la base e irá de 2026 hasta 2035. Esta fase tendrá dos partes. La primera traerá el reconocimiento del terreno definitivo con sondas robot mientras que la segunda comenzará la construcción. Durante esta fase se desplegarán todos los sistemas necesarios para soportar a los astronautas que pueblen la ILRS, como torres de comunicaciones, hábitats y la estructura de soporte energético usando paneles solares.

 

También aprovecharán para la instalación de un telescopio en suelo selenita, uno de los sueños de todos los astrónomos del mundo. Sin embargo, no hay ningún detalle sobre la capacidad de este telescopio espacial.

Finalmente, cuando la base esté lista para su uso, China y Rusia aseguran que en 2036 comenzarán las operaciones tripuladas conjuntas. Tampoco han dado detalles de cómo planean ejecutar esta fase. Mientras que la NASA y la ESA esperan utilizar el Starship de Elon Musk como lanzadera entre una estación de tránsito orbital y su futura base lunar, chinos y rusos no han anunciado si también usarán una estación de tránsito o si directamente intentarán misiones directas al estilo Apolo.

La nueva carrera espacial

Aunque el programa espacial ruso está de capa caída —con el Kremlin dedicando sus recursos principalmente a sus programas de armas avanzadas—, China está acelerando el suyo de forma frenética y ya son segundos en inversión detrás de Estados Unidos aunque todavía a larga distancia.

 

Aparte del anuncio de ILRS, los planes chinos siempre se mantienen en la oscuridad hasta que los ejecutan. Su estación espacial orbital —que está ya operativa y con tres astronautas están a punto de abordarla— es un ejemplo perfecto.

Pero su investigación sobre nuevos motores de iones y la creación de una flota de transbordadores nucleares dan pistas de sus ambiciones expansionistas: quieren llegar a Marte, quieren colonizarlo y quieren llegar y explotar a asteroides cercanos con la idea de extraer recursos como oro, iridio y otros metales para aplicaciones industriales en la Tierra y el espacio.

 

Mientras tanto, la NASA también está pisando el acelerador, no tanto por su cuenta como en colaboración con SpaceX. Todos quieren desplegar sus estaciones en pocos años. No sabemos quién será el primero, pero sí sabemos una cosa: esta vez la carrera no parará como en los años 70. La nueva era espacial ha comenzado, hay grandes intereses económicos y ya no tendrá límite hasta que la humanidad se extienda por todo el sistema solar. La incógnita estará en si, en algún momento, dejaremos de lado los imperialismos nacionalistas y trabajemos juntos como una única especie.

 

Alejandro Ramírez Saavedra
CEO
NOTIEXPRESSCOLOR . COM

 

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