“Confieso que casi siempre hago silencio cuando no tengo nada bueno que decir; pero cada hora de estos últimos días, hace más pesado mi silencio. Hay “seres”, en este caso no puedo escribir seres humanos; que solo despiertan profundo desprecio. Voy a referirme a un ser, o mejor aún, a un pseudo ser, que ha ejecutado innumerables actos viles durante su investidura como “presidente” de uno de los países más hermosos del globo terráqueo. Hoy quien calla es mi silencio, para expresarle a viva voz: ¡Los asesinos no visten de bata blanca! De bata blanca, con mucho honor, puede vestir el humilde carnicero que, madruga para ofrecer su mercancía al vecino; el chichero que, también de madrugada prepara con trabajo su chicha para salir a la calle a ganarse el pan de modo honrado, para llevar el sustento a su casa; el panadero que no ve la luz del sol, porque los hornos lo llaman antes del amanecer. Y, si, también los médicos usamos bata blanca, por lo impoluto de nuestra sagrada misión de SALVAR VIDAS; no de acabarlas. No sé con qué adjetivo calificarle a usted ni a sus secuaces. No admito bajo ninguna circunstancia que usted crea que una bata blanca pueda llevarse como un disfraz. Ni su inteligencia, ni su corazón, son dignos de semejante investidura. Son miles, léase bien, miles, los muertos por faltas de medicina y de insumos. Nuestros hospitales públicos se están cayendo no sé si por su inacción, o por su incapacidad; pero si por su IRRESPONSABILIDAD
Nuestros jóvenes médicos no se encuentran en este país, porque usted y sus secuaces han ASESINADO a pulso y con saña, su labor, sus esfuerzos y sus sueños. Aún hoy sigo dudando que tenga médicos de verdad en su círculo, por cuanto ellos serían cómplices de la tragedia más oscura que haya podido tocar a nuestra tierra. ¡Ningún médico que le pudiera acompañar, ni usted, serían orgullo de alguna Universidad Venezolana!
Quizás una banda presidencial, pagada con cocaína, y con la sangre de un pueblo, (que a Ud. no le duele, porque no es el suyo) puedan tener precio; pero la bata blanca de un médico venezolano NO TIENE PRECIO QUE USTED PUEDA PAGAR. Aproveche del sol mientras le brilla; luego será tarde. No habrá disfraz que le sirva para ocultar la miseria de su alma. Vaya haciendo sus maletas. Estoy segura que saldrá huyendo, como la rata cobarde que es”.
Que Dios le perdone “ser”, ¡Que Dios le perdone!
*Dra Maria Gabriela Padilla Sosa. Médico Venezolana (ULA).

 

 

Loading...