Cuando han transcurrido 34 semanas de 2018, en la morgue de Bello Monte se han registrado entre 25 y 30 ingresos mensuales de cadáveres de personas que fallecieron a consecuencia de desnutrición proteica-calórica, según datos suministrados de forma extraoficial, reseñó El Nacional.

Por Rosibel Cristina González

En su mayoría, son hombres cuyas edades oscilan entre los 25 y 60 años de edad, provenientes de hogares o centros de cuidados públicos, calabozos policiales, así como dos reportes procedentes del albergue Livia Gouverneur, de la Misión Negra Hipólita, situado en la calle Mariano Montilla con avenida Washington, en San Bernardino.

El primer caso ocurrió a principios del mes de enero. La víctima era Freddy Orlando Durán Gómez, de 26 años de edad. Su condición de salud desmejoró de forma progresiva por la falta de ingesta de alimentos.

David Alegría, su hermano, indicó en ese entonces que Durán pesaba 114 kilogramos cuando fue internado debido a una enfermedad mental.

En las afueras del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses, Alegría denunció que en ese albergue los pacientes recibían maltrato diario y no les suministraban alimentos.

“Freddy tenía atrofia muscular, no podía caminar. Pesaba 35 kilos cuando lo llevaron al Hospital Vargas. Sus órganos no respondían y los médicos señalaron que se debía al cuadro de desnutrición severa que presentaba, descrita clínicamente como estado caquéctico”, dijo Alegría.

Durán murió el 9 de enero en el hospital José María Vargas y sus parientes decidieron presentar el caso al Ministerio Público contra el albergue Livia Gouverneur, previo a una denuncia interpuesta por maltrato, desatención y falta de alimentos para los pacientes allí recluidos.

Sin comida. Otro paciente de nombre Marcos José Gil Parra, enfermo esquizofrénico, falleció el domingo en el mismo albergue de Negra Hipólita y también por desnutrición severa. Pero el hombre de 52 años de edad tenía una escara en la pierna derecha que nunca fue tratada en el centro. “Fue una herida que luego se convirtió en escara y de la que le salían gusanos”, dijo Irma Gil, hermana de la víctima.

Gil Parra fue hospitalizado en ese albergue a comienzos de 2016. “En cada visita decía que le pegaban porque pedía comida, no le permitían el aseo personal y no le daban ni agua. La piel del cuerpo se convirtió en pellejos que le colgaban. Caminaba encorvado, arrastrando la pierna derecha por la infección”, señaló su hermana.

En el albergue Livia Gouverneur residen 73 pacientes que necesitan atención urgentemente. En el patio se observaron a algunos hombres que caminaban descalzos, sin camisa, flacos. Otros se agachaban por debajo del portón cada vez que escuchaban el motor de un vehículo para pedir un mango, a modo de súplica y con los brazos extendidos.

Hambre en los calabozos

La ONG Una Ventana a La Libertad reportó que durante el primer semestre del año, cinco reclusos murieron por desnutrición, de acuerdo con un monitoreo realizado en 93 centros de detención preventiva de 12 regiones del país. El 15 de abril en la madrugada murió Rosner Manuel Fernández González, de 24 años de edad, de la etnia wayúu. Sufrió un paro cardíaco por desnutrición severa mientras estaba detenido en los calabozos de la Policía Municipal de Chacao. En 2017 esta ONG contabilizó la muerte de 8 presos, también por desnutrición.

VÍA LA PATILLA.

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