En 17 días de enero han muerto 7 pacientes renales por falta de máquinas para diálisis e insumos médicos. Padecer de una enfermedad crónica y no tener recursos en Venezuela parece ser una combinación que puede llevar a la muerte a cualquiera.

Ya son 7 este año sin incluir a los que también perdieron la vida en diciembre en similares circunstancias, Isabel Romero quien es paciente renal, dice que se niega a acostumbrarse a ver morir a sus compañeros. Hace poco contaba una anécdota, pregunto por un vecino con quien se dializaba, “falleció” fue la respuesta que recibió.

No es la primera vez que protestan, de hecho, por las averías redujeron el número de horas en las máquinas de diálisis, por supuesto esto también reduce su expectativa de vida a muchos en el proceso. Cuando toca conectarse a los equipos ruegan a Dios que no les falle la electricidad. Maria Labarca es otra paciente renal quien decía que le daba miedo quedarse dormida mientras dura la sesión, teme no despertar de nuevo.

Iraida Moran tiene a su hija de 24 años quien va tres veces cada semana, sienten que las toxinas acumuladas en el cuerpo por las fallas en sus riñones los consumen en vida, es difícil para un padre ver que eso le pase a un hijo. Repite lo que le dicen los que a diario dependen de un artefacto electrónico, “quieren vivir, así sea pegados a una máquina, pero vivos”.

Para muchos la solución ante la escasez es el contrabando de medicamentos que vienen desde cualquier parte del planeta sin control alguno. Los médicos advierten que podría ser peor el remedio que la misma enfermedad.

Vía CaraotaDigital.net

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