POR: LUIS VELÁZQUEZ ALVARAY

El 10 de noviembre de 2018 escribí un artículo titulado,” el rio turbio del Sebin”, donde señalaba entre otras cosas, que el sátrapa mayor mandó a Jorge Rodríguez, el psiquiatra del mal, a matar otra vez al concejal Fernando Alban, ordenando lanzarlo por la ventana de un décimo piso, para aparentar un suicidio. Digo allí: “informaron en Miraflores y fue enviado Jorge Rodríguez, quien organizó la coartada desde las 7 de la mañana. Al concejal lo mataron dos veces. Los esbirros en la noche y el psiquiatra rojo de día. Muerte de noche y muerte de día”. El General José Gregorio Gómez Lares, director de contrainteligencia coordinó las operaciones en nocturnidad, bajo el mando tenebroso del General González López. La jerga civil actuó a plena luz del sol, dirigidos por el ya mencionado Rodríguez.

También señalé: llegará el momento y todo se aclarará. La lista de verdugos publicada en el mismo artículo, serán alcanzados por la mano de la justicia donde se encuentren, así sea en una cueva mejicana donde tiene preparado huir el sangriento psiquiatra.

Si algo se ha hecho bien en Venezuela, es que los defensores de los derechos humanos, expertos en la materia, han preparado minuciosamente las pruebas respectivas, para ser agregadas a los miles de expedientes; recuerden que la OEA ha señalado en sus informes que más de 10.000 venezolanos han sido asesinados extrajudicialmente; en las protestas del 2017, 130 jóvenes fueron acribillados durante las manifestaciones. Igual en el 2014.

El crimen de Oscar Pérez, partió del mismo laboratorio de la muerte que dirigió el de Alban, y así cientos de luchadores sociales, dirigentes indígenas como Sabino Romero y tantos otros en el arco minero, para llevarse las riquezas; tortura a los dirigentes políticos. Todo eso se aclarará, como la historia lo ha contado, en estos episodios dantescos característicos de las tiranías. Ejemplos irrefutables hay muchos.

El Día 7 de febrero de 2019, Jorge Rodríguez, reiteró en rueda de prensa: el concejal Albán se suicidó y justificaba la detención, porque “participó en un golpe de Estado”. ¿Cómo explica ahora, l si el propio régimen, ante las presiones internacionales, declara que fue un vil asesinato? ¿Piensan poder ocultar con chivos expiatorios tanto crimen cometido? Como añadido: ¿Quién responde por la vida de una persona detenida? En algún momento, ante tantos desmanes, se aplicará el artículo 44 de la Constitución, donde establece el deber del Estado de proteger la vida de las personas que se encuentren privadas de libertad.

En fin, la tiranía queda desnuda pretendiendo acusar pagotes, soñando como vivos de la partida y creyendo que el universo está lleno de neófitos. Ni las mañaneras mexicanas salvarán al perverso psiquiatra de responder- junto a la pandilla de Miraflores- por la muerte salvaje de millares de inocentes.

 

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