“Hemos venido a este mundo como hermanos; caminemos, pues, dándonos la mano, cada uno apoyando a otro”.

William Shakespeare

 

Por Robert Alvarado @robertveraz

 Las palabras citadas del dramaturgo inglés contienen un paradigma de vida a tener muy en cuenta frente al mar de adversidades inducidas en esta tierra de gracia, en lo personal me recuerdan mi compromiso en la defensa de los derechos humanos de quienes sufren prisión política, especialmente con aquellos que registran mayor tiempo en condición de presos políticos, es el caso de Rolando Jesús, Otoniel José y Juan Bautista Guevara, tres ex funcionarios policiales que en noviembre del infausto 2020 cumplieron 16 años encarcelados, una afrenta que como las palabras precedentes de Shakespeare nos dejan una gran lección de vida.

Hablar de Los Guevara como viva imagen de la libertad que se resiste a desaparecer en nuestro país, simboliza el grado de dignidad, entereza y valor que se requieren para no abandonar los principios de libertad y justicia característicos de una democracia, pero también de la decencia, sinceridad, solidaridad y claridad de propósito que se necesitan para plantearse o persistir en la senda de la recuperación de las libertades democráticas. Es obvio la carga emotiva que satura a una persona en la cárcel siendo inocente, pero de mayor importancia es el talante honorable, que unido a la fe y esperanza, hacen pensar en la posibilidad de superar con bien años de ignominia.

La lucha por la justicia, o si se quiere, combatir al sistema de administración de justicia cuya putrefacción se acentuó con el juzgamiento amañado de estos tres ex funcionarios policiales y la firmeza de la sentencia condenatoria que les dictaron antes de que fuesen secuestrados con fines de ultimarlos, comenzó como una urgencia de unos pocos, hoy es una necesidad impostergable en la sociedad venezolana, sobre la que se cierne la amenaza de la cárcel ya no como escarmiento sino un castigo en el que se te puede ir la vida, ocurrió recientemente con un hermano de la etnia pemón y muchos otros permanecen agobiados por dolencias y patologías sin la debida atención médica, situaciones ante las cuales las órdenes de traslado a centros asistenciales emitidas por jueces de la República sugieren el mayor de los cinismos.

En la lucha por el respeto a la dignidad, inherente a todo proceso judicial, mayormente si es en el área penal, además de la exposición al escarnio público como delincuente se enfrentan nuevos excesos, hechos realidad con espasmosa crueldad, habló de las torturas y tratos crueles, cuando a Los Guevara los torturaron entre el 20 y 28 de noviembre de 2004 el Ministerio Público dijo que los signos de tortura que presentaban eran “picadas de mosquito”, aunque no investigaron siquiera dijeron algo, porque hoy en día simplemente lo niegan de la manera más descarada, ahí tienen como ejemplo a los militares presos, salen hechos unos despojos humanos a las audiencias como consecuencia de esas prácticas detestables recogidas en el informe de la Comisión de Determinación de Hechos de la ONU y no hay forma ni manera de dejar asentado el ultraje en las actas procesales.

A nivel propiamente procesal los jueces y fiscales del Ministerio Público han dado lugar a las más variadas e irregulares prácticas, una acusación sin determinación de hechos, sin una relación circunstanciada de la conducta antijurídica endosada al imputado y sin fundamentos serios ya no representa ningún escollo para pasar a la fase de juicio, y eso sucedió con Los Guevara, la acusación contra ellos era tan inviable que tuvieron después la necesidad de inventarse unos falsos testigos, desde entonces simplemente derogaron de hecho el control formal y material de la acusación, la forma y fondo de la acusación no tienen mayor importancia, lo realmente importante es la “orden de arriba”.

En este escenario cobra valía el tesón, el profesionalismo y la sensatez de quienes durante tantos años no se cansan de reclamar sus derechos, valga como ejemplo la Dra. Jackeline Sandoval al frente de FUNDEPRO, a nivel jurídico eso ha representado hacer uso de múltiples argumentos legales, legítimos todos, desechados alegando en todos los casos la improcedencia característica del oscurantismo que reina hoy día en el Poder Judicial; por otra parte, a nivel social ha significado grandes y nobles esfuerzos en orden a visibilizar las violaciones de derechos haciendo de la libertad de los presos políticos un propósito común en un gran número de ciudadanos y organizaciones no gubernamentales, que en este nuevo año ha de ser renovado con nuevas fuerzas, estrategias y planes.

La autoría material del homicidio de Anderson endilgada a Los Guevara ciertamente fue el punto de quiebre de la recta administración de justicia en Venezuela, favoreciendo su declive un Código Orgánico Procesal Penal que en su reforma del 2001 puso restricciones a los principios de la presunción de inocencia y de progresividad de los derechos humanos, marcando un hito en el devenir de las atrocidades judiciales o “cabras judiciales” como diría el Doctor Jameiro Aranguren, todo ello en desmedro de la vida democrática del país que aspiramos recuperar para poner fin a la ignominia de la prisión política.

 

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