POR JOSÉ LUIS CENTENO

No es la primera vez que Ramón vive injusticias en carne propia, en la Corte Penal Internacional (CPI) cursa el expediente sobre desafueros cometidos cuando lo procesaron penalmente junto a 10 funcionarios policiales por hechos forjados en torno a los acontecimientos del 11 de abril de 2002, en esa ocasión, como hoy día, le atribuyeron falsos cargos y lo sometieron a los más duros tormentos.
Ramón Humberto Zapata, Sargento Segundo de la extinta Policía Metropolitana y compañero de Roque González en ese cuerpo y ahora en un calabozo del Sebin, en comunicación dirigida a este servidor expuso lo que han vivido ellos desde el 22/12/2018, día en que fueron raptados y desaparecidos. Una historia de torturas, malos tratos y dolos procesales:
 
El 22 de diciembre del 2018, a la altura de la pollera Hermanos Riviera, pasando Maripérez (en la ciudad de Caracas), una comisión de civil nos abordó de forma violenta y bajo amenaza de fuego nos raptaron, llevándonos hasta una casa de seguridad, donde supimos que era del Sebin ese grupo de hombres armados que nos abordó bajo amenazas de muerte. Nos encapucharon en todo momento. 
 
Una vez allí, procedieron a decirnos que podíamos gritar lo que fuera que nadie sabía quién nos rapto ni donde estábamos. Y que nos iban a matar y desaparecer si no le decíamos lo que ellos querían escuchar. Luego nos agarraron por los pies y manos con esposas de mano y de tobillo.
 
Empezaron torturando a Roque. Lo acostaron en el piso y le pusieron una bolsa con gas lacrimógeno, dándole golpes de puño y patadas por todo el cuerpo, le reventaron el tímpano izquierdo y lo dejaron sangrando por ese oído, luego le partieron la boca. Lo reventaron preguntándole por un supuesto plan de golpe de estado contra Maduro, le metieron corriente por las plantas de los pies mojados con agua, le dieron palazos y cachetadas a más no poder. 
 
Todos los que nos interrogaban lo hacían uno tras otro, así fue por 5 días y 5 noches, tanto para Roque Gonzáles como para mí, Ramón Zapata. Cuando le dijimos que estábamos jubilados de la Policía Metropolitana actuaron con más saña y las torturas eran más violentas. Nos preguntaban por un grupo de 200 policías que estaban conspirando contra el gobierno, que si no le decíamos lo que ellos querían escuchar nos iban a matar y desaparecer, así de fácil.
 
Al segundo día nuestros familiares empezaron a buscarnos por las redes sociales, por la morgue, en cuerpos policiales y militares. Llegaron dos veces afuera de la quinta de Los Chaguaramos donde nos estaban torturando y nos negaron, nos metían pistolas en la boca y nos la ponían en todas partes del cuerpo bajo amenaza de muerte si no le decíamos que nosotros éramos parte de esa supuesta banda de policías que supuestamente estaban conspirando contra el gobierno.
 
Así pasaron los cuatro primeros días, las torturas eran cada 6 u 8 horas de acuerdo al antojo y gusto de esos funcionarios del Sebin. Al final, el cuarto día, en la noche, nos dijeron que estaban esperando la orden de arriba para liquidarnos. Y llegó un momento como a las 10 pm que nos pararon del piso, nos agarraron de pies a cabeza para sacarnos escondidos de ese sitio y matarnos, luego echaron la acción para atrás por una llamada telefónica que les hizo un superior.
 
Ósea, nos salvó la vida una llamada telefónica, luego nos volvieron a llevar al mismo cuarto de tortura donde nos tenían y nos dejaron tranquilos sin golpearnos más, tirados en el piso y amarrados por los pies, le pedí agua a uno de esos funcionarios y hubo uno sólo, que no nos pegó, que me trajo algo de agua para tomar. Nos tuvieron sin comer ni beber nada durante 4 días. Y el quinto día nos dieron agua y un poco de espaguetis fríos y blancos que comimos con las manos en un envase de cartón y un poco de agua.
 
Después nos sacaron para un CDI que estaba en alguna parte de Petare. Y luego al CICPC para reseñarnos como terroristas, conspiradores, traidores a la patria, asociación para delinquir, usurpación de uniformes, tenencia de materiales explosivos. Allí en el CICPC hicieron resaltar que yo había estado preso 6 años por sucesos del 11 de abril del 2002, luego nos llevaron al Helicoide, donde permanecemos hasta el día de hoy.
 
Aquí adentro nos volvieron a fichar nuevamente a Roque y a mí por los delitos antes descritos. Nos han movido de celda en 3 oportunidades, tenemos boleta de traslado para el penal Yare Uno, tuvimos una defensa pública que la vimos una sola vez y no la vimos más nunca hasta el sol de hoy. Hoy en día nos defienden abogados de una ong, Foro Penal.
 
Todo esto que está pasando con Roque y mi persona es responsabilidad del comisario Sebin Ildemaro José Rodríguez Mucura, cédula 13432397, credencial número 12562. Él ordenó y supervisó personalmente todas las torturas que nos aplicaron 14 efectivos. En enero, en cadena nacional, Maduro mandó a destituir y meter preso a Mucura y otros efectivos de contrainteligencia del Sebin por haber detenido al diputado Juan Guaidó en plena autopista Caracas – La Guaira, fueron recluidos en la DGCIM y luego aquí, en El Helicoide, donde los tienen a 3 calabozos del calabozo donde estamos nosotros dos.
 
En 8 meses presos nos han llevado 2 veces a tribunales, la última vez denunciamos todas las torturas y tratos inhumanos y crueles de los que hemos sido víctimas. Denunciamos a la juez, al fiscal y al comisario Mucura, ya que todos estuvieron de acuerdo en forjar esta tramoya sólo por ser policías metropolitanos jubilados y haber estado preso por el golpe de Estado del año 2002 contra Chávez. 
 
Ahora estamos es en las manos de Dios, presos aquí sin saber que va a ser de nosotros. Una vez más sin haber cometiendo ningún delito hemos vuelto a ser pesos políticos, secuestrados del narcorégimen genocida de Maduro y su banda de hampones.
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