Los mercenarios son tan antiguos como las guerras. Siempre hubo «soldados profesionales» que luchaban por alguna causa a cambio de pagos, botines o tierras. En Irak, tras la invasión estadounidense aparecieron los «contratistas» de Blackwater, la compañía del ex vicepresidente Dick Chaney, ex marines que estaban ahí para hacer trabajos que no podían hacer los soldados del ejército. Se convirtieron en la «fuerza privada» que daba seguridad a los trabajadores de los pozos petroleros o las oficinas de empresas. Terminaron siendo una milicia más en la guerra iraquí. Pronto se le sumaron los famosos gurkas nepaleses, paramilitares que trabajan desde hace siglos junto a las fuerzas británicas y que tuvieron una actuación preponderante en la Guerra de Malvinas. No eran los únicos, también había australianos, chechenos, iraníes, hondureños. Todos ellos, luego, extendieron sus servicios a Siria y continúan su periplo por cualquier territorio manchado de sangre y donde puedan hacerse de grandes cantidades de dinero. Con la anexión de Crimea por parte de Rusia, apareció un nuevo y poderoso ejército de entre 3.000 y 5.000 paramilitares al servicio el Kremlin: el Grupo Wagner (ChVK Wagner).

Los mercenarios del Grupo Wagner se dieron a conocer en 2014 durante la guerra de Donbass, Ucrania, apoyando a los grupos separatistas aliados del gobierno de Vladimir Putin en las autodenominadas repúblicas populares de Donetsk y Luhansk. Hicieron el trabajo sucio que no podían hacer directamente las fuerzas del ministerio de Defensa ruso. El fundador de la «compañía» es Dmitriy Valeryevich Utkin, un ucraniano nacido en 1970, cuando esa república era parte de la Unión Soviética. El Servicio de Seguridad de Ucrania consideraba en un principio a Utkin «un leal ciudadano ucraniano» por su colaboración durante las protestas del Maidán. Hizo carrera en el ejército ruso y llegó al grado de teniente coronel y comandante de brigada de una unidad de las fuerzas especiales de la Dirección Principal de Inteligencia (GRU) de Rusia. Se retiró en 2013 y comenzó a trabajar para la empresa privadaMoran Security Group fundada por veteranos de la guerra de Chechenia. La compañía se especializaba en seguridad contra la piratería hasta que organizaron en San Petersburgo una milicia denominada «Cuerpo Eslavo» que viajó a Siria para proteger los campos petrolíferos y los oleoductos donde había inversiones rusas. Utkin fue uno de los comandantes de esa unidad. Un año más tarde, varios de esos hombres se trasladaron a la región de Luhansk en Ucrania. Allí se dieron a conocer por primera vez como el Grupo Wagner, el nombre con el que los bautizó Utkin por su pasión musical y su admiración por el Tercer Reich.

Algunos informes de inteligencia dicen que los milicianos de Wagner profesan «la fe nativa eslava«, un culto pagano moderno. En diciembre de 2016 se vio claramente el enlace de los mercenarios con el Kremlin. Aparecieron fotos donde se ve a Utkin junto al presidente Vladimir Putin en una ceremonia de entrega de condecoraciones como la Orden de Coraje y el título de Héroe de Rusia para los «soldados independientes» que lucharon en Ucrania.

Fue cuando la prensa rusa comenzó a investigar. Descubrieron que el financista y verdadero dueño de Wagner es el oligarca, Yevgeny Prigozhinun cocinero que se convirtió en multimillonario tras la caída de la Unión Soviética. Un calvo, de 57 años, que siempre aparece con el ceño fruncido como la mayoría de los «hombres de negocios» cercanos a Putin y que operan para los intereses del presidente mientras reciben grandes contratos del Estado. Era un restaurador poco conocido hasta que apareció en la órbita de Putin a principios de la década de 2000 y comenzó a servir al autócrata durante las visitas de dignatarios extranjeros. Prigozhin se convirtió en un poderoso hombre de negocios al recibir un flujo constante de contratos de catering para diferentes ministerios y comedores de escuelas y cuarteles. La prensa rusa lo bautizó como «el chef de Putin«.

Stephen Blank, un experto en Rusia citado por el sitio Buzzfeed, cree que «Prigozhin es un buen ejemplo de cómo Putin armó a su burguesía. Están subordinados al Estado, y mantienen su dinero y sus posiciones con la condición de que sirvan a los intereses del presidente». Prigozhin tiene el servicio de los comedores de decenas de bases militares al tiempo que asesora y proporciona seguridad a varios gobiernos extranjeros. En la República Centroafricana (CAR), sus hombres manejan la guardia presidencial y a cambio recibe un porcentaje de las ganancias de las minas de oro y diamantes donde también proveen seguridad. Tiene un acuerdo similar en Siria, donde custodia las operaciones de los campos de petróleo y gas natural. Al mismo tiempo, sus milicianos realizan operaciones encubiertas a favor del régimen de Bashar Al Assad y muchas veces en conjunto con las fuerzas especiales iraníes. También son la custodia externa de la base rusa de Tarcus, en la costa sira del Mediterráneo. Por estas actividades, Prigozhin recibió varias sanciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos para restringir sus movimientos económicos. La primera vez fue en 2016, por ayudar a la participación de Rusia en la anexión de Ucrania.

Por Gustavo Sierra-Infobae

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