En el urbanismo Nelson Mandela, en Santa Mónica, la comunidad se vio obligada a quemar una montaña de desechos debido a los retrasos en el servicio de recolección. El humo desesperó a los residentes de las zonas aledañas.

«Sabemos que ésta no es la solución pero es la forma de reducir el exceso de basura, los malos olores y la plaga», dijo Mercedes Ontiveros, vecina de Las Acacias, donde optaron por incinerar los desperdicios. En El Paraíso y en Roca Tarpeya también salía humo de las acumulaciones de desechos.

Mientras aguardan en la parada, los vecinos de Residencias Victoria pisan gusanos. Son las consecuencias de que la basura permanezca en la calle hasta por quince días.

«Hasta septiembre el aseo pasaba todos los días, de lunes a domingo. Ahora se demoran seis u ocho días en pasar, tenemos las casas llenas de moscas y mal olor. En cualquier lugar de Propatria donde te pares la situación es la misma. Nos dicen que el camión está accidentado, que no hay repuestos»,  comenta Betty de Torres, desde la calle Morochito Rodríguez. La situación se agrava porque en esta comunidad hay racionamiento y el agua solo llega de miércoles a domingo.

Hernán Papaterra, especialista en gestión de residuos sólidos, desgrana las causas de un problema que a su juicio tiene múltiples aristas: fallas organizativas, administrativas, legales, operativas y de participación ciudadana. Todas estas carencias se derivan de la inexistencia de un sistema de servicio público de aseo urbano.

«No hay capacidad operativa municipal para hacer frente a la situación, la flotilla de camiones está accidentada. Cuando han ocurrido situaciones similares en países como Perú, Argentina, España o Italia se activa un plan de emergencia con un ente que movilice un parque automotor importante para limpiar la ciudad y que en este caso tendría que ser las Fuerzas Armadas».

El planificador ambiental propone que el operativo de treinta días se active para poner en cero a la ciudad en materia de desechos y luego las alcaldías podrían normalizar las rutas y el cumplimiento de sus horarios. «Es tal el rezago en la recolección y tan grande el volumen disperso que, si no se aplica un plan de emergencia, será muy difícil normalizar el servicio».

Lo último que debería hacerse es quemar la basura, asegura Papaterra, pues los daños  ambientales y para la salud son graves a mediano y largo plazo y, en la actual coyuntura, se suma la falta de medicamentos.
Para lidiar con los retrasos  en la recolección se ha apelado a particulares, que sin el logo de ningún ente gubernamental, recogen los desechos en camiones volteos, como ocurría ayer en El Valle.

En el botadero de Las Mayas el movimiento de camiones es intenso. Se logró despejar el depósito pero la parte de atrás está colapsada con toneladas de desechos (hacia el lado de la quebrada que bordea la planta de transferencia). La falta de bolsas y los altos costos de las mismas también afectan las labores de recolección. Barrenderos improvisan sacos para despejar calles y aceras de una ciudad que diariamente produce 5.500 toneladas de desecho pero solo 3.300 son recolectadas y trasladadas al relleno sanitario de La Bonanza.

Vía ElUniversal.com

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