Por Luis Ortega Diaz

Este es un mensaje dirigido al mundo democrático internacional. El mayor éxodo del que se tiene conocimiento en la historia de América, ha ocurrido en nuestro país luego de que Nicolás Maduro asumiera el poder. Según Acnur, más de 5,5 millones de venezolanos huyeron de esa tragedia en busca de una mejor calidad de vida. De acuerdo con esas estimaciones, de no cambiar la desastrosa situación política nacional, seremos para el próximo año la migración más numerosa registrada en el planeta, originada por la corrupta e ineficiente gestión del usurpador. Sin embargo, ante el penoso panorama, este con insensible y cínico descaro, lanza alabanzas a una burla que bautizaron como “Plan Vuelta a la Patria”.

En la página web del Ministerio de Relaciones Exteriores de la autocracia, se puede leer que el plan fue concebido con la intención de ofrecer “respuesta a la situación de vulnerabilidad de miles de connacionales, atrapados en países donde migraron, en los que no consiguieron oportunidades de vida, y donde, por el contrario, son agredidos, explotados y criminalizados”.

Es decir, que, según este desvergonzado enfoque, los responsables de la desgracia que sufren los venezolanos que salen de su propia nación para escapar de la muerte, son los países que les dieron acogida. Basta con leer esa afirmación para darse cuenta del nivel de desprecio y cinismo de quienes hundieron a Venezuela en la peor destrucción que haya vivido, pues la situación que han padecido esas personas por falta de oportunidades las obligó a huir de su tierra para sobrevivir en otra.

En Venezuela, los ciudadanos son agredidos diariamente de mil formas diferentes: no obtienen respuesta ni protección de ninguna institución al no ser garantizados sus derechos básicos; se les condena a soportar condiciones laborales inhumanas y cobran sueldos miserables de menos de 3 dólares al mes, por debajo de los estándares internacionales que fijan en 2 dólares diarios, lo que se califica como ingresos de pobreza extrema. Esa persona además es víctima constante de la inseguridad y muere a manos de delincuentes que dominan territorios enteros de ciudades y estados del país, así como también se le persigue y encarcela por pensar distinto ¿De qué patria hablan? Todos los venezolanos están sometidos a los peores vejámenes y humillaciones en el lugar que los vio nacer ¿Esa es la patria que le ofrecen a quienes regresan? un territorio en ruinas, sin instituciones, sin libertades, sin democracia y donde muy pronto se alcanzará la inflación más alta del planeta.

Por eso debemos comprender la obligante decisión de millones de venezolanos de abandonar sus hogares, de apartarse de sus afectos y querencias por culpa del capricho de unos delincuentes de mantenerse en el poder a costa de la vida y la tranquilidad de todo un pueblo.

Para la autocracia, el Plan Vuelta a la Patria no es más que otra forma de burlarse de los venezolanos. Gracias a su determinación de emigrar, muchos pueden ayudar económicamente a sus familiares en Venezuela, golpeados por la hiperinflación y el desastre económico que empobrece cada vez más a la población.

Pero Maduro, envalentonado, expresa que este programa “va al rescate de miles de compatriotas quienes han sido víctimas de la persecución y la xenofobia en otros países”, obviando convenientemente que ellos nunca debieron haber pasado por esa situación si en su país hubiesen alcanzado una justa calidad de vida para su progreso y desarrollo.

Los que han decidido regresar, lo hacen no porque Venezuela haya mejorado, sino porque también los embates del covid-19 dejaron sin empleo a millones de personas en el mundo, lo cual afectó igualmente a la diáspora venezolana. Mientras unos tuvieron que regresar a sus hogares, otros corrieron con más suerte y conservaron sus fuentes de trabajo allí en el país que los recibió.

Venezuela está y seguirá arruinada mientras permanezcan en el poder los criminales que allí medran y roban. Por esa razón cientos de ciudadanos en situación de vulnerabilidad y precariedad continuarán diariamente abandonando el país a través de las fronteras, sin que les importe poner en peligro sus vidas, solo porque intentan asegurar un futuro que les niega su nación.

Así que reflexionemos –ahora me dirijo a los venezolanos–, ¿Cómo podemos lograr el cambio que requiere el país? Necesitamos opciones concretas y factibles que dependan de nosotros, de nuestro aporte como ciudadanos conscientes de la tragedia que padecemos.

Este año tenemos una gran oportunidad para producir ese cambio; podemos lograrlo utilizando el voto como la más poderosa herramienta que tenemos en nuestras manos para decirle a los usurpadores que no cuentan con el apoyo de la gente, que hay verdaderos líderes que quieren y están dispuestos a mejorar la vida de los venezolanos.

Luchemos con perseverancia por el rescate de la democracia y la institucionalidad para que cese la migración forzada y todos los demás problemas que tiene el país.

Cuando haya crecido en nosotros la conciencia verdadera de que el voto es el arma más efectiva y democrática que tenemos para acabar con la crisis venezolana, todos nuestros esfuerzos estarán centrados en alcanzar una gran victoria. No será una victoria electoral, no será el triunfo de un candidato: será el triunfo de un pueblo que conoce el poder que le da su Constitución a través del voto para expulsar a la mafia corrupta que se empeña en continuar destruyendo al país. Vamos a demostrarle lo que puede hacer el pueblo venezolano cuando se decide y utiliza sus derechos.

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