El actual presidente de EE. UU. ya comenzó una estrategia jurídica para quedarse en la Casa Blanca.

Por: Sergio Gómez Maseri/ El TIEMPO

Desde antes de que se declarara la victoria del demócrata Joe Biden  en las elecciones de EE. UU., el presidente Donald Trump preparaba todo un esfuerzo legal en más de cinco estados del país para tratar de revertir los resultados del pasado martes.

Por un lado, habrá recuentos en varios de ellos, pues las leyes lo permiten siempre y cuando la diferencia sea estrecha.

Pero en paralelo se viene toda una batalla jurídica que se librará en las cortes del país, ya que el presidente alega que hubo fraude y se violaron normas electorales. Aunque muchas de las acusaciones del presidente parecían infundadas, otras son más serias y ocuparán la atención mundial durante los próximos días.

Hasta este sábado había litigios andando en Míchigan, Wisconsin, Nevada, Arizona y Pensilvania. Pero, sin duda, los ojos estarán puestos en este último estado, que fue el que le dio la presidente a Biden y donde la campaña de Trump está poniendo más atención.

En total, hay media docena de demandas en este estado y en diferentes frentes. Un grupo de ellas se asocian más al proceso electoral, mientras otras versan sobre presuntas irregularidades. Aunque con diferentes matices, las demandas son muy similares a las elevadas en otros estados.

Las más serias, por el momento, son tres. Una tiene que ver con los votos que llegaron después de este martes cuando cerraron los puestos de votación y si estos pueden ser contados.

Hace aproximadamente un mes, los demócratas acudieron a las cortes estatales para pedirle a un juez que extendiera el plazo para el arribo del voto por correo porque se estaban presentando demoras en la oficina postal. En parte, por el gran volumen de correo que se estaba procesando y, en parte, porque existían sospechas de que el nuevo director de la oficina postal, que acababa de ser nombrado por Trump, implementó cambios (entre ellos reducir el personal) que estaban contribuyendo a la situación.

You're Fired

En las calles, los críticos de Trump acudieron a la popular frase que usaba en su show de televisión ‘The Apprentice’.

Foto: Justin Lane. EFE
Como en otros estados del país, fue un cambio que se pidió para acomodarse a la realidad del coronavirus y permitir que más personas utilizaran el correo como método de votación para evitar un contagio.

El juez les dio la razón y dio tres días de plazo adicional para la llegada de las balotas, siempre y cuando el sello postal demostrara que se depositó antes del martes a las 8 de la noche cuando cerraron los comicios.

Los republicanos demandaron la decisión ante la Corte Suprema de Justicia del Estado,  alegando que se estaban cambiando las reglas de las elecciones a último momento y que el único con poder para autorizar ese cambio era el Legislativo.

Dado que la Corte decretó que la decisión del juez era válida, los republicanos llevaron su demanda ante la Corte Suprema de Justicia a nivel nacional.

Esta corte, aún compuesta por ocho miembros por la reciente muerte de Ruth Bader Ginsberg (son nueve miembros), se negó en dos ocasiones a revisar la demanda, pero en una decisión dividida en la que un juez conservador y tres liberales se alinearon para decir que veían razón de momento para revertir la decisión de la Corte Suprema Estatal.

Aún así, dejaron la puerta abierta para una revisión posterior. Pero dado que en la Corte ya ingresó la juez conservadora Amy Coney Barret, nombrada por Trump hace pocos días, se cree que podrían imponerse los conservadores bajo la tesis de que la constitución solo le da el poder al legislativo para establecer las normas electorales y no prevé situaciones excepcionales como el coronavirus.

A este tipo de jueces que defienden esta doctrina jurídica en EE. UU. se les llama “originalitas” porque su interpretación de la Constitución es literal.

Pero si lo hacen, sería polémico. Primero, porque se trata de votos legítimos de estadounidenses que serían desechados. Y segundo, porque cuando la Corte Suprema no se opuso a que los votantes utilizaran los tres días de plazo creó un derecho que ahora estaría eliminando cuando ya es demasiado tarde para corregir. Es decir, si los votantes hubiesen sabido que su voto no iba a ser contado si llegaba tarde podrían haber optado por sufragar antes o de manera presencial.

You're Fired

Cientos de personas se reunieron cerca de la Casa Blanca en protesta contra Trump.

Foto:

Michael Reynolds. EFE

Aun si deciden desechar esos votos que llegaron con posterioridad, no serían suficientes para alterar el resultado en el estado. Se estima que son unos 10.000 y la ventaja de Biden, por el momento, es muy superior a ese número.

Las autoridades electorales, de hecho, dejaron separadas esas balotas para que no se confundieran con el resto del voto anticipado que sí llegó a tiempo,  anticipando que la Corte podría descartarlas.

Segunda demanda

La segunda demanda de peso tiene que ver con la supuesta interferencia a ciudadanos para que observaran el conteo de la votación en la ciudad de Pittsburgh (hay una demanda similar en Míchigan y otra en Nevada) como se los permite la ley. El conteo, de hecho, se suspendió parcialmente mientras el caso era evaluado por un juez que ordenó que se les diera más acceso. Si lo tuvieron o no es lo que está en disputa.

Las autoridades de la ciudad dicen que si se restringió el acceso fue para prevenir una catástrofe, pues muchos de estos observadores se presentaron con armas y los ánimos exaltados.

En el peor de los casos, un juez podría ordenar que se repita el conteo en esta ciudad, esta vez con plena observación. Pero se estima que la campaña de Trump de todas maneras pedirá un recuento en el estado de Pensilvania. Eso debería despejar las dudas que existen frente al voto en esta ciudad.

Lo que se me ocurre es que están respondiendo a las órdenes del presidente exigiendo que hagan algo por cambiar el resultado

Tercera demanda

La tercera se refiera a una declaración de la secretaría de Estado que les dijo a los electores en un condado que podían corregir errores en sus tarjetones si acudían a los puestos de votación.

Y se supone que eso está prohibido. Nadie sabe aún si es cierto o cuántas personas habrían “curado” su voto. El problema, además, es que en medio de este tipo de demandas circulan todo tipo de acusaciones en redes sociales y nadie sabe cuáles son reales y cuáles inventadas, que hoy día son muy fáciles de construir y propagar (alteración de videos, etc.).

Eso, sin embargo, es lo que tendrán que investigar las autoridades.

Pero, en un ambiente tan politizado como el que existe, no será fácil y el perdedor nunca quedará satisfecho. Especialmente cuando el propio presidente ya decretó, sin que hayan arrancando esas investigaciones, que se robaron las elecciones.

Además hay un tema de fondo que pesará, particularmente con los demócratas.
Para ninguno de ellos es un misterio que muchos de estos casos terminarán llegando a la Corte Suprema, que en este momento está compuesta por una clara mayoría conservadora de seis miembros y que tres de ellos fueron escogidos por Trump.

El presidente mismo, de hecho, viene telegrafiando desde hace rato que espera que esa Corte lo defienda y le otorgue la presidencia. Y si sucede, el estallido social podría ser inmenso.

Estrategas legales asociados en el Partido Republicano piensan que si bien la batalla no será fácil, Trump tiene reclamos que podrían ser válidos. “Es importante que todos los votos sean contados. Pero es igualmente importante reconocer que no todos los votos pueden ser legales. Así como es crítico que se sumen todos los válidos, lo es que se que se excluyan los que no lo son”,  sostiene el abogado George Terwilliger, que fue parte del equipo de George W. Bush en su disputa por los votos en la Florida tras las elecciones del año 2000.

Pero no todos, incluso en este partido, lo ven así. “Me cuesta trabajo entender cuál es la estrategia legal acá. Lo que se me ocurre es que están respondiendo a las órdenes del presidente exigiendo que hagan algo por cambiar el resultado. Pero lo que se sabe de estas demandas es que ninguna tiene el potencial de cambiar el curso de las elecciones. Son cosa pequeña”, afirma Benjamin Ginsberg, que también trabajó con Bush en ese esfuerzo.

rump, además, tiene un serio problema. A diferencia de Bush en el 2000, donde solo debía preservar el voto en un estado donde el conteo de por sí lo favorecía, el presidente en este caso tendría que voltear el resultado en tres estados donde perdió para tener chance de quedarse con la Casa Blanca. Y de manera dramática.

En el caso de Florida,  Bush ganó por 537 votos. El presidente, solo en Pensilvania, tendría que lograr que se anulen miles de votos -o aparezca una cifra similar en su favor-.

SERGIO GÓMEZ
Corresponsal de EL TIEMPO
WASHINGTON

 

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