El Día del Trabajador que se asoma en nuestro calendario, tiene desde hace unos años, más significación política que laboral, publica el diario 2001.

Convocar la masa obrera al tradicional desfile busca más mostrar el apoyo a un Gobierno y la capacidad de logística del partido, que a ofrecerle justo reconocimiento como motor del progreso de un país.

La distorsión se acentúa con el arribo del Socialismo del Siglo XXI, y la determinación de minar las bases del movimiento laboral, creado instituciones paralelas, bajo el argumento de la conchupancia entre la dirigencia sindical tradicional y la empresarial.

La brecha se agrava con la posición irreductible de lucha de la Confederación de Trabajadores de Venezuela al Gobierno de Chávez, y su protagonismo en la breve salida de Hugo Chávez de la presidencia.

En 2003, con la bendición del chavismo se fundó la Unión Nacional de los Trabajadores (UNT), contrapeso oficial a la CTV y a la Confederación de Sindicatos Autónomos de Venezuela (Codesa) y la Confederación General de Trabajadores (CGT), organizaciones con un menor número de afiliados.

Al final, las banderas unitarias que caracterizaban la celebración de la fecha, quedaron desteñidas, con muy poco entusiasmo para levantarlas. Y hoy, con la depreciación del bolívar, la pérdida del valor del empleo decente, los aumentos en el costo del transporte y la odisea que representa abastecerse de alimentos y medicinas, para muchos existe la tentación de convertir al día del trabajador en parte de un puente.

 

Vía La Patilla

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