El 30 de mayo de 1984, en el pueblito La Penca (Nicaragua), a dos kilómetros de la frontera con Costa Rica, Edén Pastora “Comandante Cero”- toda una leyenda, el líder más conocido de la revolución sandinista para esa época que había hecho las hazañas más atrevidas y más riesgosas como la toma del Congreso Nacional de Nicaragua con el secuestro a todos los diputados y más de mil personas que precipitó la caída de Somoza – daba una rueda de prensa cuando le hacen un atentado.

Explotó una poderosa bomba que dejó un saldo de 11 personas muertas y 28 heridos, entre ellos varios periodistas, el mismo Edén Pastora, su esposa Yolanda y su lugarteniente Tito Chamorro. Pastora acusó a la CIA del atentado.

El Comandante con su comitiva huye a Costa Rica. El presidente Luis Alberto Monge, para evitar que su país se convierta en un campo de guerra entre sandinistas, la Contra y la gente de Pastora, lo deporta a Venezuela. El presidente Carlos Andrés Pérez (CAP) manda a buscarlo en un avión Hércules. El “Comandante Cero” llega a Caracas con su esposa y el resto de heridos quienes fueron atendidos en el Hospital de Clínicas Caracas. Dos años después renunció a las acciones militares y la lucha armada, pidió asilo en Costa Rica y volvió a su viejo oficio de pescador de tiburones.

En abril de 2008, Edén Pastora, ante una pregunta del periodista Jorge Eduardo Arellano de “El Nuevo Diario”, dijo que Daniel Ortega y la cúpula sandinista mandaron a matarlo en 1984. “Es cierto, Daniel Ortega me mandó a matar, pero fueron cosas de la guerra, porque yo también lo mandé a matar”. Pastora había hecho sus investigaciones de inteligencia, se entrevistó con la CIA, y se cercioró que el atentado lo hizo el sandinismo. En ese mismo rotativo el periodista sueco Peter Torbiornsson señaló que los autores intelectuales del atentado fueron Tomás Borge, exministro del Interior, y Lenín Serna, exjefe de inteligencia sandinista.

“Mi mamá era arrecha. De esa leche mamé yo”

La historia de Centroamérica es una leyenda que está llena de episodios marcados por la venganza. Cuando la doña Elsi de Pastora le mataron su marido, la viuda fue inclemente, no dio cuartel. Los asesinos fueron plenamente identificados, actuaban con la impunidad que da el poder.

El terrateniente y general Camilo González, jefe de estado mayor del Ejército de Anastasio Somoza García (1895-1956), que entre sus “méritos” tenía haber asesinado a César Augusto Sandino. Es descrito como un general que “se movía por Nicaragua con un maletín de dinero y una metralleta Thompson, compraba propiedades ganaderas por cuatro perras y asesinaba a los campesinos que le rechazaban. Pánfilo Pastora fue uno de ellos”.

La viuda de Pastora, ante el asesinato de su marido, para proteger a sus hijos y no involucrarlos en el plan de venganza que había urdido, les dijo “déjenme esto a mí, que de esto me encargo yo”. Comenta Edén que su madre “persiguió a los asesinos de su esposo durante diez años, sin piedad ni descanso, hasta el día que los sicarios pagados para hacer justicia le entregaron la última cabeza”. Al referirse a su señora madre Elsi Gómez de Pastora, ha dicho “mi mamá era arrecha. De esa leche mamé yo”.

“A los 30 días la viuda mandó a matar al primero, al año al segundo, y a los 10 años al tercero”.

La madre del “Comandante Cero” dejó de ir a misa, ni se confesó ni comulgó más, “murió apaciblemente, convencida que Dios había entendido su venganza”.

El temple, el arrojo, el lance ante el peligro en el que el “Comandante Cero” ha vivido durante toda su vida, porque aun hoy sigue dando que hacer, debe tener su origen en la realidad que vivió de cerca, cuando a la edad de ocho años asesinaron a su padre, el campesino y ganadero nicaragüense Pánfilo Pastora, quien no aceptó que le arrebataran su finca familiar, ni aceptó la propuesta de comprarle sus tierras que le hizo el déspota terrateniente.

La viuda Gómez de Pastora planificó y organizó su desquite, puso pie en polvorosa y salió con sus hombres, un grupo de pistoleros sicarios a buscar a los tres asesinos de su marido. “A los 30 días la viuda mandó a matar al primero, al año al segundo, y a los 10 años al tercero”. Claro, cuando el tercero se dio cuenta que había matado al primero y al segundo, faltaba él para completar la venganza y se perdió. Pasaron 10 años, pero no pasó la sed de venganza. Lo buscó y lo buscó; pagaba y pagaba para que le dieran información de donde estaba, hasta que llegó un campesino y le dijo “Ahí está, Antenór Sánchez acaba de llegar al valle. Cuando mi madre lo supo, a los treinta días y le habían puesto 42 machetazos, los dos últimos en el cuello y le cortaron la cabeza para llevársela”. Tiempo después Edén Pastora confesó: “Si hubiera tenido 15 años, no queda ni el gato en casa de los asesinos, que estaban identificados”.

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La política la inventó el diablo

En octubre de 2006, estoy de visita en Managua, Nicaragua, con el empresario pesquero Rafael Bianco, estaba finalizando la campaña electoral en ese país, el embajador de Venezuela era mi amigo Miguel Gómez Núñez quien nos invita al Comando de Campaña a saludar al candidato presidencial Daniel Ortega, quien se encontraba en compañía del comandante Tomás Borge y del diputado venezolano Freddy Bernal. En la conversación con Ortega, recordamos el encuentro que tuvimos en el Congreso de la Internacional Socialista celebrado en Sao Paulo en octubre del 2003, donde también se celebraron los 50 años del presidente Lula Da Silva. A ese evento Daniel Ortega asistió por el FSLN y yo, por el Movimiento Al Socialismo.

Al día siguiente, el embajador nos invita a un restaurant café, donde se encontraban sentados en la misma mesa buscando acuerdos políticos Edén Pastora, que era candidato presidencial y tenía el 2 % en las encuestas (sin chance), y Lenín Serna representante del sandinismo con Ortega de ganador. Cosas de la vida y de la política, Lenín Serna había dirigido el atentado contra el “Comandante Cero” 22 años atrás. La política la inventó el diablo.

En 2007, hicieron un acuerdo y Edén Pastora lleva 12 años realizando el proyecto de su vida, dragar el Rio San Juan de Nicaragua buscando la salida al mar. Esta odisea le ha generado pleitos internacionales a él y entre Nicaragua y Costa Rica. Ha dicho, por cada gota de arena que sacó, estoy haciendo soberanía.

Pastora, sus idas y sus vueltas

El 22 de agosto de 1978, el comando sandinista dirigido por el “Comandante Cero” tomó por asalto el Palacio Nacional. Hizo rehenes a los legisladores (diputados) afines al dictador Somoza, la acción duró tres días y logró la liberación de los presos políticos, entre ellos al comandante Tomás Borge. Ese día Edén Pastora se convirtió en un héroe nacional.

El 19 de julio de 1979, Edén Pastora y Daniel Ortega entran triunfantes a Managua con el Frente Sandinista de la Liberación Nacional (FSLN) y le ponen fin a la familia Somoza que tenía 43 años aferrados al poder con garras de hierro.

En 1982, Pastora se deslinda del sandinismo, renuncia a los cargos de gobierno y vuelve a las guerrillas a pelear contra la revolución que él había hecho junto a sus camaradas de entonces. El “Comandante Cero” pasa a ser el líder de la “Contra” con la CIA y todos los enemigos del sandinismo y de los hermanos Ortega.

Los 19 años de guerra nicaragüense entre los años 1972 y 1991 dejó un saldo de 65.000 muertes, 35.000 de ellas durante la lucha contra el somocismo y 30.000 en el conflicto entre el gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y la Contra.

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Yolanda le metió las cabras en el corral

Ni siquiera la vida íntima de Edén Pastora ha sido privada, esta ha sido contada y cantada en corridos. Confiesa haberse casado 4 veces y sostenido 6 romances productivos, tiene en total 21 hijos: 11 mujeres y 10 varones, todos llevan su apellido, lo respetan y lo quieren, a pesar de los rigores de la guerra mantuvo unida su familia, “ha habido tiempo para la guerra y para el amor”.

Nuestro personaje vivió mucho tiempo en el exilio, huyendo entre trincheras y bombas, “porque Pastora ha matado mucha gente y le han querido matar, pero uno puede morirse riendo y sufrir como un perro cuando se pierde la familia por los principios”.

Los últimos 53 años los ha pasado con su esposa, la enfermera Yolanda Torres, quien supo comprenderlo y le respeto sus ideales y su política, con ella tuvo dos hijos Edén Atanasio y Pánfilo, éste último lleva el nombre de su padre. Un hombre con estas cualidades y características es difícil de doblegar, pero Yolanda le metió las cabras en el corral.

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