La semana pasada, el Departamento de Educación ya había advertido que Harvard no podría recibir nuevas subvenciones federales si no cumplía con las exigencias impuestas.

Trump ha manifestado su intención de revocar el estatus de exención de impuestos de Harvard, y el Departamento de Seguridad Nacional ha amenazado con restringir la admisión de estudiantes extranjeros a la universidad.

Esta ofensiva forma parte de una estrategia más amplia que afecta a otras instituciones académicas, como la Universidad de Columbia, la Universidad de Pensilvania y la Universidad de Cornell, que también han experimentado recortes de fondos federales.

La Casa Blanca exige ahora que Harvard haga una revisión exhaustiva de sus políticas, lo que incluye cambios en el liderazgo, revisiones de sus criterios de admisión y auditorías tanto del personal docente como del estudiantado, con el fin de asegurar una variedad más amplia de perspectivas en el campus.

La Universidad de Harvard ha decidido emprender acciones legales

En respuesta a estas medidas, Harvard ha decidido emprender acciones legales para impugnar la congelación de sus fondos. En una carta fechada el lunes 5 de mayo, su presidente, Alan Garber, rebatió las acusaciones del gobierno, y afirmó: «Harvard es apolítica y ha implementado pasos para erradicar el antisemitismo en su campus».

Garber también calificó las sanciones como un «intento ilegal de controlar aspectos fundamentales de las operaciones de nuestra universidad», asegurando que la institución cumple con la normativa vigente.

Sin embargo, la reciente correspondencia del gobierno mantiene que Harvard ha fracasado de manera reiterada en abordar la discriminación racial y el antisemitismo en su entorno académico, citando como evidencia la decisión de la Corte Suprema de 2023 que eliminó el uso de criterios raciales en el proceso de admisiones, así como un informe interno que revela diversas instancias de acoso antisemita.Con este nuevo giro en la confrontación, la relación entre la Casa Blanca y Harvard, una de las universidades más prestigiosas, se encuentra en etapa crítica, lo cual podría tener repercusiones significativas en la conexión entre el poder político y la autonomía académica en Estados Unidos

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