Emily en París apunta al público Millenial: Lily Collins –hija de Phil- es la protagonista de esta historia, y Darren Star, productor de la exitosa Sex and the City, el creador.

La serie sigue a una joven que vive en Chicago y decide mudarse a París para aceptar una sorpresiva oferta de trabajo que consiste en manejar las redes de una empresa. Su nuevo hogar introduce a diversas situaciones que mezclan el humor con los escenarios parisinos.

Durante los 10 capítulos, la protagonista pasa por numerosos choques culturales, nuevas relaciones de amistad y romance, un gran cambio profesional y de clase social. Tendrá que hacer malabares para lograr que todo encaje a la perfección.

Sin embargo, se generó una polémica por la forma en la que muestran la cultura francesa. “Podría haber sido genial de no haber sido por la caricatura de los franceses. (…) son descritos como arrogantes, sucios, vagos, desagradables, amargados”, explica AlloCiné.

Por su parte, The Hollywood Reporter se encargó de recopilar otros enojos de los medios franceses: “Pocas veces hemos visto tantos clichés de la capital francesa desde los episodios parisinos de Gossip Girl o el final de El diablo viste a la moda”, citan de RTL.

Lucas Bravo, el galán de la serie, francés, explicó ese enojo popular al diario español La Vanguardia: “Nos gusta odiarlo todo. Nuestra ciudad está hecha a base de clichés. Y seguro que nos encantará odiar la serie u odiaremos que nos encante”.

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Desde el grupo mediático Premiere opinan que “Emily en París retrata a todos los franceses como malos y que son unos holgazanes y nunca llegan a la oficina hasta al final de la mañana”.

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Mientras, Emily en París sigue como tendencia en Netflix y Lily Collins es descubierta por muchos en el mundo, a pesar de su gran currículum.

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