Una jugosa costilla, el show del chef Nusret Gökçe, un cajón de habanos… “Esto es una vez en la vida, ¿verdad?”, le dijo el presidente a su esposa mientas disfrutaban del banquete en el Salt Bae de Estambul. No pudo tener más razón Nicolás Maduro. Venezuela no está para lujos, y así se lo hicieron saber los venezolanos, publica Al Navío.

Por Daniel Gómez (ALN)

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, se fundió en un abrazo con su nuevo amigo. Hasta cinco segundos lo retuvo mientras le agradecía el buen trato que le dio. “Nos vemos en Caracas. Pronto. Gracias. Gracias”, le dice el mandatario justo antes de irse, rodeado por un nutrido cuerpo de seguridad.

Maduro hizo escala en Turquía al regresar de China. En Pekín anduvo negociando con el presidente, Xi Jinping, acuerdos financieros y petroleros para auxiliar a Venezuela. Allí la situación es tan límite que ni un trozo de carne se puede conseguir. Escasean las proteínas y abunda el hambre. Hasta 3,7 millones de venezolanos sufren hambre crónica, según las Naciones Unidas.

Salta a la vista que el robusto Maduro no es uno de los venezolanos hambrientos. Aunque hambriento sí que estaba cuando arribó a Estambul. Los vuelos entre Pekín y la capital turca duran como poco ocho horas, y es sabido que la comida en los aviones, aunque estos sean oficiales, no es la mejor de todas.

Para saciar el hambre, Maduro eligió el Salt Bae, un reputado restaurante por sus carnes, pero, sobre todo, por su fundador, el chef turco Nusret Gökçe.

Gökçe, de 35 años, se ha convertido en uno de los cocineros más famosos del mundo por la forma en la que prepara los platos. Es todo un show. Incluso baila con los cuchillos, como si fuera un místico guerrero derviche. No obstante, su gesto más característico, y el que se ha hecho viral en internet, es el de espolvorear la sal.

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VÍA LA PATILLA.

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