Hay quienes se toman en serio sus nuevos propósitos de vida y apartan un tiempo para replantearse sus metas, una práctica que para algunas familias supone una tradición compartida, a la cual se le suman peticiones para el país.

Luisa Dorado es de Catia y dice que se toma al menos cinco minutos para aterrizar sus anhelos. Es docente en el Colegio Jesús Obrero y afirma que piensa, en todo momento, en la ciudad. Asegura que Caracas, una capital maltratada por sus gobernantes, está dentro de sus peticiones.

“Mi mamá padece de una enfermedad crónica degenerativa y hemos tenido que peregrinar toda el país para conseguirle el tratamiento. Pese a todo ello, quiero permanecer en mi país. Solo pido que nuestros gobernantes nos conduzcan con inteligencia para que sepan resolver la crisis de medicamentos, alimentos y seguridad que nos afecta a todos”, dice, tras una pausa en su recorrido por el casco de Libertador.

Que se resuelva la crisis económica, social y sanitaria que atraviesa el país destacan entre las principales peticiones de los caraqueños. «Que haya paz, seguridad y oportunidades para seguir apostando a mi país”, es el deseo de Eleonora Martínez.

Martínez asegura que es momento de tomarse en serio los cambios, para escribir desde cero los gestos concretos que podrían reconciliar a los venezolanos.

“Hay que pedir por Venezuela, por su habitantes, para que no haya más colas y para que tengamos accesos a los medicamentos y alimentos», considera Angélica Rojas.

En contra de todo pronóstico, José Barreto, líder vecinal de la parroquia Sucre, dice que se ha organizado con los miembros de su familia para despedir el año con una cena familia, que en lugar de hallacas, este año tendrá frijoles, arroz y pollo horneado. Un plato que califica de suntuoso en una Venezuela donde fallan los rubros más básicos y la comida del día supone un reto por resolver.

A propósito de ello, la Asamblea Nacional advierte que este año los venezolanos viven la peor crisis económica, social y política de la historia. Según el Parlamento la inflación acumulada supera el 2.000% y el Producto Interno Bruto (PIB) tuvo un descenso de 34%, lo cual justifica la recisión en una economía dependiente de la renta petrolera.

Sin embargo, el país sigue rompiendo récords y cerrará 2017 con una inflación acumulada superior al 2.735 %, según cálculos publicados por la firma de consultoría financiera Ecoanalítica, que registró en diciembre una inflación mensual del 81 %.

Para algunas familias el tema económico impone urgencia y supera con creces el conflicto político que paraliza la dinámica del país. En algunas comunidades, en especial las embestidas por la pobreza, las tradicionales uvas son sustituidas por mandarinas. Los precios de algunos alimentos golpean el presupuesto familias. Se trata de una contingencia que ha obligado a las familias a reorganizarse para galopar la escasez.

En torno a ello, Caritas Venezuela advierte que 71% de las familias venezolanas ha reportado el deterioro de su alimentación, 64% ha incurrido en algún tipo de privación alimenticia y 38% ha tenido que desincorporar algún miembro de la familia para bajar la presión de consumo. Para algunos son cifras que denudan los estragos de la crisis.

«Tenemos que conciliar un proyecto de país que permita reconducir los destinos de Venezuela, una nación, que a diferencia de los que muchos creen, está destinada al desarrollo, un logro que solo se materializa con el concurso de todos. Esto tiene que acabar», dice Andrés Belisario como propósito de año.

Vía ElUniversal.com

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